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Facebook, los bebés y la felicidad

Mucho se ha escrito, analizado y estudiado sobre los dos primeros temas, por separado unidos con el tercero y entre ellos. Las redes sociales son hoy en día un elemento imprescindible para entender la realidad en la que vivimos y los bebés, los niños, los hijos son – en definitiva – el común denominador entorno al que gira a diario la vida de miles de millones de personas en todo el mundo.

Sobre redes sociales y los menores se habla principalmente en dos ámbitos que algún día abordaremos en nuestro blog. El primero es la conveniencia o no de subir fotos de nuestros hijos o bebés a las redes sociales, un tema que se vuelve más y más complicado si, por ejemplo, los padres están divorciados. Es cierto que internet a normalizado que otros vea, y nosotros expongamos, momentos de nuestra vida que siempre hemos considerado privados pero también es verdad que debe haber una parte para la imagen y los derechos del menor. Sin duda un tema conflictivo y que nos dará un día para hablar largo y tendido. Mientras, en Baby Shop nos deleitaremos con las fotos en el Facebook de esas criaturas preciosas que apenas tienen unos meses de vida.

El otro asunto curiosamente también tiene que ver con la privacidad pero en sentido contrario. Cuándo nuestros hijos pueden acceder a las redes sociales y a internet y cómo y hasta punto y edad debemos controlar que es lo que están viendo. Hace unas semanas se hacía viral el vídeo de la madre que internet ha dado en bautizar como “Ni periscope ni hostias” y es que con los móviles pasa como con las televisiones tenemos que ayudar a nuestros hijos a realizar un uso responsable si queremos evitar sorpresas.

https://www.youtube.com/watch?v=w6K0bebF6kg

El caso era que yo venía aquí para hablaros de un estudio que compara la felicidad que da ser madres o tener un hijo con la felicidad que puede proporcionar Facebook pero creo que me he ido de tema aunque eran cosas de las que tenía ganas de hablar. Os prometo que esta misma semana os cuento esa historia y mientras os dejo pensar, ¿puede haber alguien que plantee de verdad si la felicidad que dan los hijos es similar a la que proporciona internet? Pronto lo veremos.